sábado, 25 de octubre de 2014

Un relato pa' dormí

-Mamitaa- resonó en la oscuridad del cuarto la voz de Ignacia

-Mmm, queeé?- la voz adormilada de doña América

-Cuénteme del costal de papas?

-¿Qué costal de papa'? 

-El que se cayó del puente.

-¿Pa’ qué? Ya te lo conté muchas vece’.

-Es que quiero dormirme.

-Mmm! Ta bien!- Doña America, acurrucó hacia su costado a su hija, y mientras se arropaban empezó

- Cuando tú, taba' en mi barriga, y yo no tenía ónde viví, le cuidaba la caseta de revista del Raúl Caisa, que estaba al ladito del puente del Cumandá. Iba todo el mundo a alquilá las revistas, yo ya sabía que a alguno que eran morbosos les gustaban las picantes. Ya me la jabía leído toditicas, desde las fotonovelas hasta, Kalimán, el Fantasma y el Negrito Memín, pero mis preferida jeran la policiacas, porque desde chica, yo quise haceme detective, pero la jodida de tu bi’abuela no me dejó e’tudiá. Oye, es que a mí me gustaba mucho la letura y la envestigasión.

Bueno, al principio, yo me iba a dormí en las noche al albergue pero, despué con mi panza, ya no podía subí, hajta El Tejar, entonce le dije al viejo Raúl, que me pagara para ime a un hotel, de esos barato que quedaban cerca de El Cumandá, pero viste que él era un viejo roñoso y en vez de plata propuso que me quedara a dormí ahí, mismo, en el kiosko, y que me iba a traé la comida. Yo pensé que estaba bien por un tiempo, pero después, ya no me traía la comida y me empezó acusá de que le robaba las revista, y cada dos por tré, me preguntaba, que para cuándo la criatura, que no le vaya yo a manchar na' cuando dé a lu’! Oye, cómo jorobaba, pero me aguanté porque no tenía ónde ime...

-Y el costal?- interrimpió, Ignacia

-Pérate, ya va! Yo acomodaba las revista como una cama y me acostaba, pero no podía dormí bocarriba, entonce poco a poco me levantaba y empezaba a dormí casi sentada, porque me faltaba es el aire, además, hacía un frío, y el ruido era muy juerte. Yo con mi oído e’ tísico escuchaba todo, hasta que me jui acostumbrando. Una noche, taba yo profundamente dormía, cuando siento que tú me pone los piese en la boca’el ejtómago y empezó a faltame más el aire, me levanto, lentamente y cuando me puse en pié, pululúm, siento que se viene el techo ‘e la caseta encima mío. ¡Diosito! El sujto que me pegué fue enorme, pues yo me quedé parada y las latas de zinc alrededor mío. En eso veo un bulto como un costal de papas sobre las latas. 

Yo escuchaba a la gente gritando –¡Auxilio, ¡¡¡saquen a la morena que duerme ahiií!!! Sáquenla que está embarasá!!!- y vino un montón de gente y yo les desía –Yo estoy bien! Yo estoy bien! ¡Ayuden a ese pobre hombre, antes que sea tarde!- y todos se fueron a vé si el costal de papa taba vivo, entonce, vemo, que el hombre se levanta, nos mira a todos como desorbitao, dijo no sé qué cosa y tambaleando se fue por el arco ‘e La Ronda… Ve, ¿ ya te dormiste? ¡Mmm! Hace rato que ronca la bonita…-

Doña América se persigna, bendice a su hija y se entrega al sueño, acaso reparador.

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